Clásicos: The verdict (1982)
Publicado por Christian Ramirez el 16 Mayo, 2013
En el 82, Paul Newman puso su mito actoral en entredicho al encarnar a un irredento perdedor en El veredicto, de Sidney Lumet. Fue derrotada en cuanta entrega de premios compitió; hoy se la reverencia como obra maestra. La historia de siempre…
Como viven permanentemente bajo el escrutinio de su audiencia, el instante en que los rostros de las estrellas de cine comienzan a ceder al paso del tiempo, no tiene nada de trivial. Lo que en la vida del resto de los mortales es el envejecimiento natural del día a día, puede volverse el beso de la muerte para una cara que nos resulta muy familiar, pero que solo se expone frente a nosotros cada dos o tres años. Claro, no todo es desventaja: en ocasiones, los años aportan a esos rasgos una intensidad y dimensión que el maquillaje más sutil no consigue recrear; de pronto, tenemos al frente a una persona conocida, pero al mismo tiempo a alguien nuevo, un extraño al que estamos obligados a conocer otra vez.
Esa fue la reacción de muchos, en 1982, frente un encanecido y derrotado Paul Newman en El veredicto, de Sidney Lumet. ¿En qué momento había entrado en la tercera edad? ¿Se había venido abajo de golpe? ¿O todo era una ilusión óptica, como la conseguida por el cuarentón Brando al encarnar al anciano Vito Corleone? Apenas un año antes Newman había aparecido al lado de Sally Field en Ausencia de malicia, interpretando a las órdenes de Sydney Pollack a otro de los tantos machos acorralados de su larga carrera; pero meses después, la pantalla proyectaba al actor convertido en irreconocible visión espectral: Frank Galvin, abogado caído en desgracia; alcohólico, separado y arruinado a quien el destino le pone al frente un regalo: un caso de negligencia médica, con una víctima reducida a estado vegetal y un prestigioso hospital católico ansioso por llegar a un acuerdo monetario. Es cosa de firmar los papeles y cobrar el cheque, pero a la hora de visitar a la mujer, Frank tiene -o cree tener- una epifanía. Hay que hacer justicia “de verdad” y llevar el caso a la corte; no importa si él está solo como rata frente a un ejército de abogados mejor preparados, y más lúcidos que él. Este es el caso de su vida. Su oportunidad de redención. De salvarse.
Vista con treinta años de distancia, la relanzada El veredicto -que en su lejano paso por nuestros cines fue bautizada como “Será justicia”, y cuyos claroscuros lucen más gloriosos que nunca en … Leer mas de “Clásicos: The verdict (1982)”











