Estrenos: Inside job (2010)
Posted By Christian Ramirez on 11 Marzo, 2011
El documental ganador del Oscar 2011 cuenta una historia esencial, pero se queda corto al usar tantos recursos del cine de ficción.
Mientras más avanza uno en Inside job, el filme con que Charles Ferguson ganó hace unas semanas el Oscar 2011 por Mejor documental, más tiene uno la impresión de que está viendo una historia en la mejor tradición del filme de gangsters. Si hasta el título lo sugiere: un trabajo de sabotaje ejecutado “desde dentro” por los propios miembros de la organización, en este caso decenas de economistas, brokers, asesores financieros, directores de bancos y muchos otros funcionarios quienes, al ir desarrollando instrumentos para especular con deuda ajena, operar a fuera de la ley, olvidarse de toda consideración ética y promover la desregulación a ultranza de la economía, aportaron su cuota para inflar la burbuja financiera que reventó en septiembre de 2008 y que genera consecuencias hasta hoy en todos los mercados mundiales.
Ok, la metáfora es ingeniosa y muy útil, pero a la media hora de metraje uno comienza a preguntarse si el tono novelesco de la narración va a continuar hasta el final, como si el relato de este auge y caída fuera una nueva secuela de la saga Wall Street de Oliver Stone, sólo que con dinero, poder y malos de la película reales. Ferguson, un exitoso emprendedor digital y director de No end in sight, filme sobre la ocupación de Irak que fue nominado por la Academia en 2008, es alguien que está muy lejos de los happening y payasadas con que Michael Moore ilustra sus piezas de denuncia (Capitalism: A love story, la última cinta de Moore, cubría el mismo tema), pero es inevitable pensar que en algún momento el documental gringo de alto perfil acabó por rendirse a las fórmulas de la entretención informativa, del “infotainment”. ¿Se acuerdan de Una verdad incómoda, la charla/power point de Al Gore que también ganó el Oscar?: es cierto que mucho de verdad había en suis denuncias, pero también una delicada operación de relaciones públicas. En el caso de Inside job, tal formato tiende a transformarse en su cárcel, y si se salva es porque su historia es fascinante, infuriante y de verdad merecía ser contada.
Más allá de los recurrentes efectos de postproducción, las canciones de su banda sonora, las interminables tomas cenitales de Nueva York y el resto de ticks audiovisuales que tratan de pasar por cine, el enfoque de Ferguson –centrado en los infinitos alcances de la codicia privada- sí hace sentido al momento de dar cuenta de la fragilidad de una sociedad que no se mide al momento de disfrutar el dinero, actuando sin preocuparse ni un minuto por cómo se genera, de si tiene respaldo y en dónde se invierte. Ahí es donde radica la fortaleza, y en último término, la importancia del filme como documento de una era de irresponsabilidad, y más aun en cuanto el interminable desfile ante la cámara de personas ligados a la debacle (sea como entrevistados o en imágenes de archivo) le entrega la chance al espectador para, por fin, ponerles cara a los involucrados. A los que anunciaron el desastre sin que nadie los escuchara. A los que clamaron por mayores restricciones al mercado monetario. A los ex funcionarios fiscales, economistas y profesores universitarios que se volvieron millonarios recomendando inversiones que luego se evaporaron en el aire. Y claro, a los altos personeros que hasta hoy se ocultan detrás de lucrativos puestos (incluso, como señalan los cineastas, dentro del mismísimo gobierno de Obama).Es en ese punto donde Ferguson se separa de los panfletos de Moore y pretende conectarse con la vocación autocrítica del cine estadounidense.
Noble aspiración, ya que desde El padrino hasta JFK, pasando por Casino y Petróleo sangriento, la idea de Estados Unidos como país vuelto hegemónico y luego despedazado desde dentro por la desaforada ambición de caciques ansiosos por repartírselo, ha alimentado parte de la mejor ficción cinematográfica del último medio siglo. Decenas de historias han contribuido a crear lo que ahora semeja una metáfora espesa y gigantesca. Pero los recursos que sirven tan bien a la ficción, muchas veces palidecen a la hora de hacerse cargo de los horrores reales. Inside job roza el precipicio y no se zambulle en éste, pero al menos se atreve a mirar directo al vacío.
Inside job (Estados Unidos, 2010). Dirección de Charles Ferguson. 107 min.



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