El espía (2011): Tierra arrasada

Posted By on 18 Junio, 2012

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Gary Oldman se luce interpretando a la clase de gente que ganó la Guerra Fría desde su escritorio, pero a costa de perder todo lo demás.

Podríamos decir que James Bond es el culpable del malentendido. Con su aparición en las librerías y después en las pantallas, hace ya medio siglo, se instaló la idea de que la profesión de espía era la continuación natural del “oficio” de aventurero decimonónico, recorriendo el mundo utilizando todos los medios de transporte a su disposición (como Tintín), y aprovechándose también de la revolución sexual causada por la invención de la píldora. La Guerra Fría era la excusa y el telón de fondo para que Bond se deslizara por sus variadas aventuras, no necesariamente luchando contra la Cortina de Hierro sino con villanos más peligrosos, por ser autónomos y por ello impredecibles. Pues bien, el espionaje y las labores de inteligencia estaban muy lejos de ser lo que se mostraba en las asumidas ficciones de Bond, y una de las personas que trató de contar “la verdad de la milanesa” fue David Cornwell, conocido como John Le Carré.

Con un pasado en los servicios de inteligencia británicos (al igual que Ian Fleming, el autor de Bond), Le Carré plasmó en sus novelas el verdadero carácter del trabajo de inteligencia, más parecido al de un burócrata que al de un aventurero, y creó a un personaje que encarnaba como nadie al tipo humano que peleó la Guerra Fría desde su escritorio: George Smiley, el protagonista de El espía. Basada en una novela de Le Carré, esta película ambientada en los 70 empieza con una operación fallida donde se busca descubrir a un agente infiltrado en la cúpula de la inteligencia británica, o MI6. Ante el fracaso de la operación, su director (John Hurt) y el propio Smiley (Gary Oldman) caen en desgracia y son forzados a jubilarse. Para colmo, Smiley es abandonado por enésima vez por su esposa, una aristócrata que nunca aparece en pantalla y que deja a su marido por la misma razón por la que vuelve con él: el hastío. En paralelo, el retiro de Smiley es una fachada para otra operación –ahora dirigida por él– para dar con el infiltrado.

Sobre esta base, la historia empieza a desarrollarse como una trama de intrigas pero con cierta atención puesta en los procedimientos, en el cómo se hacen las cosas. Más allá del interés intrínseco que esto pueda tener, son los detalles del día a día los que muestran la naturaleza de un oficio y los caracteres que lo desempeñan; y lo que esto dice del trabajo de inteligencia no es reconfortante ni glamoroso. La interpretación que Oldman hace de Smiley busca la identificación absoluta con cierto modo de ser: silencioso, metódico, observador y de una apariencia inescrutable, donde la lucha constante por reprimir la exhibición de cualquier debilidad quedaba sepultada tras un rostro inexpresivo y una mirada apagada. Si bien “el enemigo” existe y aparece episódicamente, la relación con él es tan distante que éste termina cobrando características fantasmales (como Karla, el némesis de Smiley en la KGB). Ante ese enemigo espectral, los agentes de una u otra forma terminan convirtiéndose en enemigos de ellos mismos, pues no todos pueden aceptar la negación permanente de sus pasiones e inclinaciones ante la amenaza de que sean usadas en su contra.

Más allá de que la trama funcione perfectamente como artefacto de interés y entretención, lo que vemos es un desfile de personajes que pagan costos personales altísimos en aras del cumplimiento del deber hacia un país que ignora su existencia y que tampoco agradecería su sacrificio si estuviera consciente de él. El opaco tono marrón alude a esa época triste, a esa verdadera moledora de carne que tragaba seres humanos y los devolvía convertidos en George Smiley o en gente aun más destruida. No hay glamour en el mundo del espionaje. Puede haber aventura, pero esta suele terminar en una sala de torturas. Lo que hay es una explotación radical de seres humanos conscientes de su realidad y temerosos también de ser incapaces de llevar otro tipo de vida. En suma, se trata de gente muy triste y la película vuela alto al mostrar esta realidad con cuidado y penetración.

 


Comments

Una Respuesta to “El espía (2011): Tierra arrasada”

  1. marco dice:

    una pregunta: ¿quien gano la guerra fría? (y la realizo con no sin cierta ironía).

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