Directores: Frank Capra. El otro, el mismo.

Posted By on 25 Junio, 2012

Condecorado y a su regreso de la Segunda Guerra, el coronel Frank Capra está algo desorientado. Cruzado por sensaciones encontradas. Vuelve como un héroe. Sirvió a la patria y contribuyó a la derrota del nazismo, pero al mismo tiempo se siente estafado; siente que hizo el trabajo sucio coordinando el equipo que creó la serie Why we fight, mientras otra gente –como John Ford, John Huston, incluso segundones como George Stevens- quedaron mejor posicionados.

Peor aún: siente que le robaron su momento. Y, en parte, tiene razón. A fines de los años 30, Francesco Capra era un dios hollywoodense. Había conseguido lo mismo que Griffith, Chaplin y un selecto grupo: poner su “nombre sobre el título”, arriba de todos, del productor incluso. Merecido lo tenía. Nadie, ni el infalible Ford, podía exhibir una colección que balanceara calidad y popularidad con tal perfección: Sucedió una noche (34), Broadway Bill (34), Mr. Deeds goes to town (36), Horizontes perdidos (37), Vive como quieras (38), Mr. Smith goes to Washington (39). Ya ni siquiera tenía que depender del insoportable Harry Cohn, jefe de producción de Columbia Pictures, que le había dado guerra sin cuartel toda la década. Si quería, este hijo de inmigrantes -que había empezado su carrera en como un suplementero que montaba shows con su hermano, para vender los diarios del día- podía producir lo que quisiera, por su cuenta.

Y, sin embargo, no sabía muy bien dónde ir. Qué hacer.

Los que habían vuelto del frente se estaban poniendo al día, los que nunca fueron lo miraban como un recién llegado, como mirarían a alguien que no ha filmado nada en cinco años. La sensación lo agobiaba.

Fue entonces que recordó el cuentito. La historia de Philip Van Doren, que había sido transformada en tarjetitas navideñas y que la RKO había tratado de hacer con Cary Grant. La historia de un pobre diablo que –bueno y todo- jamás pudo escapar de su pueblo natal hacia la vida que había imaginado para sí mismo, y que de pronto en la víspera de navidad se ve obligado a enfrentar todos sus fantasmas. “Podría haberme pasado a mí”, piensa el director antes de contactar a su alterego, James Stewart, para encarnar al inquieto y amargado George Bailey y recuperar algo de la vieja magia de los días de Mr. Smith… Sólo que olvidaba un detalle: Robert Riskin ya no estaba de su lado.

Se habían conocido a principios de los 30, se habían vuelto inseparables. Capra director; Riskin, incansable guionista. No era el tipo más fácil de tratar, pero su oído para el diálogo –en esos primeros años del cine sonoro- era casi musical. Su ojo para la caracterización, único. Capra podía “venir” de la calle, pero Riskin “sabía” lo que estaba pasando en ella, o al menos podía describirlo como nadie. Pero eso ya era cuento viejo. La relación entre ambos se había hecho pedazos justo antes de Pearl Harbor, mientras Capra trataba de sacar adelante su alegoría anti nazi, Meet John Doe, sin darse cuenta que la sociedad se salía fuera de control. Frank tenía tres Oscar y su nombre en letras grandes, al principio de la película. Riskin sólo uno (por Sucedió una noche) y su nombre perdido, mezclado entre el de los otros. Después del título. Era hora de pedir más, sólo que Capra no tenía nada que dar. O, mejor dicho, no quiso darle nada. La amistad no se recuperaría jamás. Ellos tampoco.

Vaya cómo extrañaba a Riskin, ahora que trataba de armar a paso de tortuga la trama de Qué bello es vivir (porque así le había puesto a nuevo filme). A Robert, los optimistas y los emprendedores, se le daban fácil. Sus palabras tenían un impulso de alegría, una fe en la América parroquial que el endurecido realizador no encontraba, por más que buscaba en sus recuerdos de infancia, o en sus días junto a Harry Langdon filmando cortos mudos, o en sus inicios en la Columbia. Para Frank todo había sido lucha, lucha, lucha. Pelea, pelea, pelea.

Vaya. Tal vez ese pobre tipo, George Bailey, era parecido a él, después de todo.


Comments

2 Respuestas to “Directores: Frank Capra. El otro, el mismo.”

  1. marco dice:

    Ramirez, al fin le rendiste tributo a Capra. Tuvieron que pasar casi cuatro años de Civilcinema, hablar de cine húngaro, cine mudo, podcast dedicados a “Jack Ass”, Oliver Stone… ¡ y a “La Isla Siniestra” !. Qué importa, carajo. Más vale tarde que nunca. Para saldar la deuda completamente, podrían sacarse el aura cool y dejar el pudor en el closet, dedicándole un podcast a “Its wonderfull life”.

    Y recuerden siempre esto: cuando lleguemos a viejos (si es que llegamos) y la enfermera nos pregunte “Qué quiere ver Sr. antes de ir a acostarse”, no vamos a elegir los experimentos de Godard, ni la gradiosidad de Griffith, ni siquiera los oscuros relatos de Scorsese. Vamos a decir: “Póngame cualquiera de Frank Capra, Hawks, Wyler, o Wilder”.

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