Estrenos: Margaret (2011)
Posted By Christian Ramirez on 16 Agosto, 2012
Un filme maldito de la década pasada, por fin ve la luz, y revela uno de los retratos más intensos de una ciudad captados por el cine contemporáneo.
Ahora que Woody Allen pasa vergüenza haciendo de turista audiovisual en las historias de su desechable A Roma con amor, solo recordar los días en que sí sabía cómo filmar una ciudad –Nueva York, su ciudad- resulta chocante.
¿En qué momento de su periplo europeo (ese que lo llevó de Londres a Barcelona, luego de regreso a Londres y de ahí hasta París) se le olvidó que en el cine es esencial que los personajes consigan habitar su espacio, que los realizadores se apropien de una geografía, que no basta que el equipo de segunda unidad filme lindas vistas de barrios y famosos monumentos para hacernos creer que tal o cual historia hace sentido en este lugar y no en otro?
Ojo, que se trata del mismo tipo que hace 35 años –desde el estreno de Annie Hall – comenzó a adueñarse del Upper West Side de Manhattan con tal intensidad, que para toda una generación resultó difícil pasearse por ahí o mirarlo en películas ajenas sin evocar las siluetas de Diane Keaton y Mia Farrow o las señas del otoño en cada árbol en el Central Park. Había filmado un conjunto de cuadras donde la ponzoña urbana de Taxi Driver, las traiciones de Serpico y la hirviente presión de Haz lo correcto no podían tener lugar; a su manera, Woody Allen inventó para sí mismo una Nueva York de cuento y de hadas, donde esas imágenes se extendían hasta el infinito, autocontenidas y perennes.
El hechizo neoyorkino que hasta hoy conjuran filmes como Manhattan o Hannah y sus hermanas es lo bastante persistente como para que sea lo primero que evocamos al ver Margaret (2011), la historiada segunda película de Kenneth Lonergan (ver recuadro); pero lo interesante es que no se trata de una relación de hermandad. Es como si Margaret hubiera aparecido en el mapa para enfrentarlas a sus antecesoras, competir y sacarlas a empujones de esas calles que eran tan suyas, para relegarlas de una vez por todas a ese cajón de sastre que algunos todavía llaman historia del cine. Que la nostalgia se junte con la nostalgia.
Y el ejercicio es intenso, tal vez porque Lonergan utiliza una estrategia parecida a la del joven Woody –volcar la mirada sobre un barrio hasta que este se expande a la ciudad entera-, sólo que lo hace con una pericia que ya se habría querido el cineasta de Match Point.
Parte de la ventaja que le saca a Allen pasa por un asunto de estructuras (Lonergan es el dramaturgo estadounidense más importante desde David Mamet), pero la verdad es que en el fondo es un asunto de valentía, arrojo y coraje puestos al servicio de la historia de Lisa Cohen (Anna Paquin), una escolar común y silvestre que, en medio de una despreocupada tarde de vitrineo, causa que un conductor de bus atropelle y mate a una mujer que cruzaba un paso de cebra. Ninguno hace un amago de culpar al otro frente a la policía, todo queda en un trágico accidente y por un rato en el filme “la vida sigue”: las clases, el taller de teatro, la tensión familiar con su madre actriz, amagos de pololeo y de desenfreno se suceden –se atropellan- en perfecta solución de continuidad a medida que la película hace evidente que la fisura dentro de esta Lisa que más interesada en sacarle el jugo a su adolescencia que en autoflagelarse por la culpa, va a acabar por expresarse hacia afuera, explotando y dañando a todo lo que la rodea.
Lonergan -quien tituló el filme a partir de un poema de Gerald Hopkins acerca de una muchacha llamada Margaret, que emplea cada verso para manifestar una pena y dolor que parecen venir de ninguna parte- ha insistido en que su película es un filme “de época”, diseñado para rememorar y rendir tributo al Manhattan post 11-S: aquel breve e intenso período entre 2002 y 2005 (fecha en que se rodó la película) durante el cual muchos de sus parientes, conocidos y vecinos (él vive en el Upper West Side) continuaron viviendo en una ciudad que de pronto se les revelaba como infinitamente frágil y ajena, un lugar donde los ecos de una tragedia inexpresable iban quedándose atrás por más que los afectados, directos e indirectos, tratasen de aferrarse a ellos.
La demora de seis años que el filme tuvo para llegar a salas y a DVD solo intensifica la sensación de inestabilidad colectiva y de ventana hacia un tiempo ido, uno que no se conmemora con monumentos, discursos o fotografías, sino que –a la manera de la magistral Yi Yi (2000), del taiwanés Edward Yang- se completa como un gran rompecabezas de memorias personales, en lo que los padecimientos de Lisa ocupan no un lugar central, sino el punto de contacto entre muchos otros que quedan sugeridos e inexpresados.
El propio Lonergan lo ha sugerido al hablar de su retrato de Nueva York. Según él, las ciudades modernas están diseñadas para que cada persona describa su trayecto, invariable, día tras día, acunadas entre enormes moles de concreto. Cada desvío de este –calculado o no- provocaría conmoción, pero al mismo tiempo dejaría espacio para la propia historia. Para la vida.
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Recuadro:
La maldición de Margaret
La odisea de cómo Margaret se filmó, quedó entrampada y resucitó del limbo da para una película aparte. Lonergan emprendió la redacción del guión en 2003, tapado de elogios por You can count on me, su primera película, y poco le costó reunir el elenco estelar de la segunda (formado entre otros por Anna Paquin, Matt Damon, Matthew Broderick y Mark Ruffalo). Se daba por descontado que Margaret estaría en la carrera del Oscar 2006, cuando de pronto todo se silenció. Pasó un año. Y otro, y otro más. Falleció Anthony Minghella –uno de los productores ejecutivos- y luego el otro -Sydney Lumet-, sin que la cinta diera señal alguna. A finales de década el asunto se sinceró: Lonergan había sido contratado para entregar un filme de 150 minutos, pero el rumor era que su montaje duraba tres horas y media. La tensión escaló tanto que el productor Gary Gilbert realizó un montaje de dos horas y Lonergan tuvo que pararlo yendo a tribunales. Se trajo a Martin Scorsese para negociar y compaginar una nueva versión de la cinta. Gilbert se negó a estrenarla y recién a fines de 2011 –seis años después de la fecha original-, la película llegaba aclamada y todo, a un puñado de cines en Nueva York y Los Angeles. Para entonces, la campaña por verla en twitter y otras redes sociales había conseguido otro triunfo: que el DVD llevase las dos versiones (la de Scorsese y la de tres horas). Su director no quiere saber más del tema, pero el filme ya está circulando y eso basta y sobra.



A veces la odisea para llegar a ser estrenada, y otras características ajenas a la película, genera bastantes expectativas y es utilizada como herramienta de marketing. De todas formas se ve buena, ¿cuándo y dónde la estrenan? No pude encontrar nada en la red.
Adrián, la película está circulando desde hace un par de meses en DVD y en varios sitios de descarga. Olvídate que la van a estrenar en cine por estos lados, nuestro mercado no se permite esos lujos. igual trata de verla, es un filme brillante. Saludos y sigue leyéndonos.
Podría haber sido estrenada en Sanfic, o quizás algún ciclo de cine la incluya más adelante. La busqué en sitios de descarga pero fue inútil, no pude encontrar enlaces. Finalmente, creo que la veré online.
Casualmente vi “Margaret” ayer. Es una gran película. Lamentablemente vi la version de 156 minutos. Así y todo, lo que más impacta es la notable actuación de Pàquin como esta joven perdida entre sus atisbos de talento y sus desbordes neuróticos. Como reflexión final, si bien es cierto que la pelicula ocurre en Nueva York, sentí que podía ser extrapolada tranquilamente a la vida de una joven de clase media alta de Providencia. El mundo cada vez se parece más a Nueva York.
La estrenaron apenas en 2 cines de Nueva York y Los Angeles y la van a estrenar en los cines de Santiago…
No es por fomentar la piratería y bla, bla, bla, pero si de algo vale la pena ese tipo de mercado negro, es para encontrar joyitas como “Margaret”. Daría direcciónes de ferias en donde se pueden encontrar “Maragret”pero, en un una de esas, me pilla la dirección de inteligencia del Gobierno y registran mi casa y me llevan preso. No me arriesgo.
Una pregunta para Ramirez: por lo que vi de la version de 2 horas y media, pareciera que los tijeretazos provienen especialmente de la ultima media hora de la película, ¿o me equivoco?. Al menos es la parte que se ve mas forzada.
hay diversos cortes por todos lados, pero lo más interesante es la forma en que cambia la banda sonora. En la versión larga, uno escucha lo que otra gente habla al pasar, por la calle; como si fueran otras historias que el realizador escogió no contar.