LAS PELÍCULAS QUE NO NOS AVERGÜENZAN

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2010 - page 2

Estrenos: Misterios de Lisboa (2010)

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Era previsible: la muerte de Raúl Ruiz despertó un automático interés en su obra. Tal vez ayude a una mayor difusión de su obra en Chile, tal vez no; pero alcanzó para llevar a nuestros cines la monumental Misterios de Lisboa. Y eso basta (por ahora).

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No hay caso. Hay algo en la obra tardía de los grandes artistas que despierta el magnético interés de público y crítica. Ver la última película de Kubrick, escuchar los cuartetos finales de Beethoven, leer el libro póstumo de David Foster Wallace… Como si el postrer contacto del aludido con su arte contuviera en sí mismo un secreto que le cabe solo a uno mismo develar o contrastar contra la propia experiencia. Como si ese suspiro final suyo fuera más significativo que muchos (sino todos) los anteriores. No siempre funciona así. Los desenlaces de las carreras de Hitchcock, Truffaut, Peckinpah o Kazan palidecen ante lo mejor de su carrera, pero quienes andan detrás de joyas crepusculares disponen de ejemplos tremendos: piensen en Gertrud (1964), de Carl T. Dreyer, Los muertos (1987) de John Huston o Los amores de Astrea y Celadón (2007) de Eric Rohmer; filmes bellos, misteriosos, compuestos casi en su propio idioma, tan relacionados con la obra de sus directores como al mismo tiempo autocontenidos e independientes…

Todo lo anterior podría aplicarse a la inmensa Misterios de Lisboa (2010) de Raúl Ruiz, sólo que en rigor no se trata de seguir leyendo

Estrenos: Nostalgia de la luz (2010)

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Era lógico. La búsqueda de Patricio Guzmán por nuestro pasado tenía que llevarlo al inicio de todo: a las estrellas, a la tierra y lo que está oculto bajo ella.

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Aunque es probable que su lugar en la historia esté más que asegurado por la trilogía de La batalla de Chile, la imagen más intensa a la que logro apelar cada vez que pienso en el cine reciente de Patricio Guzmán es la de una vieja pared de adobe camino del aeropuerto, filmada por él y su equipo en el documental Salvador Allende. Una pared cubierta por antigua propaganda política, avisos varios y capa tras capa de pintura, que podrían ser arrancadas una a una sin lograr nunca encontrar el punto de origen, el muro en estado virginal.

La imagen da una buena idea de la vocación memorística que Guzmán despliega cada vez que regresa al país, sea para una nueva edición del festival Fidocs, dictar sus seminarios de cine documental, ofrecer entrevistas seguir leyendo

Estrenos: Lucía (2010)

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Que conste: hay otras películas chilenas a parte de Violeta. Entre ellas “Lucía”, uno de los mejores retratos de Santiago de ahora y del que se está yendo sin cesar.

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En teoría, pocas cosas podrían haberle hecho mejor al cine chileno que el merecido éxito de Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood. Los números no mienten: para cuando estas palabras estén impresas la cinta va a haber superado largamente los 200, cuando no 250 mil espectadores, y estará en camino a convertirse en el estreno nacional más taquillero de los últimos años. Gente que usualmente compra tickets para películas de robots espaciales habrá visto la vida de la compositora de Que vivan los estudiantes. Pero lo que funciona muy bien para una marca nacional no necesariamente se aplica a las otras.

A la sombra de esta Violeta hay varios otros filmes chilenos circulando: Ulises, de Oscar Godoy; Hija, de María Paz González, y sobre todo, Lucía, de Niles Atallah, que tal vez queden emparedados entre la cobertura de la película más grande y su propio diseño, menos epocal y más acorde con una supuesta tendencia de nuestro cine hacia lo íntimo y seguir leyendo

Estrenos: Meek’s cutoff (2010); Guest (2010)

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Qué deja la nueva versión del festival Sanfic? Un puñado de búsquedas y un punto de llegada: “Guest”, de J.L. Guerín.

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El propósito original de los festivales de cine no era muy distinto al de las grandes exposiciones pictóricas de fines de siglo XIX: obtener una instantánea de lo nuevo, de lo nuevo, que ocurría allá afuera, en el mundo. Pero, ¿quién puede dar fe de ello en días tan fragmentados como estos? Tal vez es por eso que los filmes que se atreven con esa clase de desafíos adoptan formas más modestas y menos obvias, como atestiguan algunos de los mejores exhibidos en la séptima edición del Sanfic: ahí está Scorsese admitiendo la imposibilidad de querer filmar como Kazan, en A letter to Elia (porque, simplemente, ya no se puede filmar de esa manera); o Vincent Gallo, corriendo por su vida en Essential Killing, un filme sin agenda ni respuestas, en movimiento perpetuo. Algo parecido le ocurre a Kelly Reichardt, en la magnífica y modesta Meek’s cutoff, un western que intenta algo que parece imposible: reducir las gigantescas llanuras del oeste al claustrofóbico infierno de tres familias que van desplazándose lentamente, perdidas rumbo a un Oregon inalcanzable después que el guía Stephen Meek les recomendara seguir un seguir leyendo

Estrenos: A letter to Elia (2010); Public Speaking (2010)

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¿Vuelve el viejo Martin o es que está apareciendo otro, por fin?

Observar la lenta deconstrucción de un cineasta no es un ejercicio agradable; en especial si, como espectador, uno ha llegado a sentirse parte de ese viaje artístico que se va fragmentando hasta volverse nada.

Le ocurrió a quienes acompañaron a Fellini en los 70 y 80, mientras iba convirtiéndose en una de sus caricaturas. Pasó con Woody Allen, quien transformó sus películas en verdaderas commodities de las que hoy se sirve para hacer turismo cinematográfico; pero, lejos, una de las pérdidas más sentidas fue la de Martin Scorsese, quien desde mediados de los 90 es en esencia dos personas en combate: el realizador de elefantiásicas y tambaleantes ficciones  versus el agudo memorialista, capaz de fundir la historia del cine con la suya, en perfecta solución de continuidad. Hubo un momento en que esta contradicción fue casi chocante –el estreno de la premiada y vacía The departed contra su magisterial bio de Bob Dylan, No direction home-, aunque el proceso ha dado un apasionado giro en el último año en la medida que estos dos carriles han comenzado a intersectarse. Algo de esa sensación de reencuentro transmitía la descontrolada Shutter island y también su barroco piloto para la serie Boardwalk Empire, pero en el corazón mismo del cambio hay dos modestos documentales: A letter to Elia, el mediometraje que preparó junto al crítico Kent Jones para la serie American Masters (e incluido en una caja dedicada a seguir leyendo

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