LAS PELÍCULAS QUE NO NOS AVERGÜENZAN

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Documental - page 2

Estrenos: Stories We Tell (2012)

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Lo que parece una colección de recuerdos de familia, en manos de Sarah Polley se convierte en una exploración de la Memoria, las trampas que la construyen y los mecanismos que la disuelven.

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Después de una década y media bombardeados por los realities y docudramas más diversos,  observar “vidas reales” en una pantalla se nos ha vuelto casi un hábito, algo casi tan natural como una vez fue ser espectador de ficciones. Es más: cualquier realizador que intente en estos días un registro de la intimidad de sus sujetos, debería partir por tomar en cuenta que por más privada que sea la actividad que estos desplieguen, esta contendrá la semilla del espectáculo, del mostrar, del exhibir.

En esas condiciones, no hay biombo posible detrás del cual refugiarse, porque hasta la negativa a salir en cámara –o la imposibilidad de hacerlo- deviene en una suerte de presencia y es reductible a algún tipo de imagen.

De hecho, es precisamente esa última contradicción la que se encuentra en el germen de “Stories We Tell” (2012), el documental con que la actriz canadiense Sarah Polley decidió continuar una promisoria carrera de directora que se había iniciado con las bien recibidas “Away from her” (2006) y “Take this waltz” (2011). Aunque la palabra “decidir”, para los efectos del nuevo filme, viene a ser casi un eufemismo: ya que lo que -en principio- parecer ser el emocionado retrato de Diane, la carismática madre que falleció de cáncer cuando Sarah sólo tenía 11 años, se transforma en seguir leyendo

Podcast 151: Control (2007), Joy Division (2007) y Miguel San Miguel (2012)

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La película chilena Miguel San Miguel (Matías Cruz) se parece a Control (Anton Corbijn) no en el sentido de que la plagia, sino de que toma algunas de sus ideas y recursos para traducirlos al insano contexto chileno de los 80, pero sin mistificarlo ni endulzarlo con la nostalgia. Puestas una al lado de la otra, son historias de ascenso y de muerte (en el caso de una de ellas) centradas en jóvenes en proceso de formación y definición de su propio lugar en el mundo, eso sí, dentro de los definidos confines de Manchester y San Miguel, respectivamente. De eso y más hablamos en este podcast.

Hija (2011), de María Paz González

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hija

Estrenada junto con el día de la madre, esta cinta nacional ganadora del Fidocs 2011 habla en serio y con profundidad pero sin desentenderse del espectador.

 

El comienzo de Hija (María Paz González, 2011) nos dice desde el principio que estamos ante un documental que, entre otras cosas, trata de su propio making-off. Sobre un muro cualquiera, una mujer ya mayor llamada Eliana Guzmán dibuja con carbón las puertas y ventanas de la casa en la que vivió hasta que fue entregada por sus padres biológicos a los cinco años. Sobre el muro también vemos las sombras de sonidistas, camarógrafos y una joven cuya voz dialoga con la mujer que dibuja. Esa joven es María Paz González, hija de Eliana y directora de esta película, la que trata en paralelo la búsqueda que hace su madre de sus padres biológicos, su propia búsqueda de su padre –sin decirle a Eliana–, y las dificultades de realizar este documental de acuerdo con sus expectativas. El cruce de estas tres líneas argumentales da un resultado magnífico gracias al interés intrínseco que tiene cada una de ellas y a los inteligentes recursos de narración y montaje para hacer las transiciones de una a otra. Y también por el cuidado con que fueron hechos los encuadres y la puesta en escena. Empecemos por ahí.

 

Eliana vive en Temuco, pero sabe que debe buscar a sus padres biológicos en un caserío cerca de Chillán. El hecho de desplazarse da a la película cierta similitud a las road movies (películas de carretera), pero esto es sólo en la superficie. Más importante que el desplazamiento en sí es la mirada agudísima para fijar la cámara y mostrar lo que ocurre frente a ella: un campo chileno tan atávico que casi parece de otra dimensión; una playa donde la gente trota de un lado a otro; una mesa vacía de un café en La Serena donde no pasó lo que la directora quería; una plaza conmemorativa en Antofagasta donde se produce el encuentro entre Eliana y una hermana que no sabe que lo es. El solo gesto de detenerse a mirar con una cámara fija, permite que la historia de búsqueda se abra hacia un registro de las muchas formas de habitar Chile así como también hacia un conocimiento más cabal de la interioridad de los personajes, a través de sus movimientos y sus quietudes. Ese solo gesto también permite que se filtren los elementos inesperados, la sorpresa, el humor y también la decepción.

 

La cámara paciente y buen puesta también retrata muy bien la relación entre María Paz y Eliana, la que es más horizontal que vertical, tendiendo a veces a invertirse en la medida de que Eliana se está metiendo en un mundo nuevo manejado por su hija. Al igual que en Reinalda del Carmen, mi mamá y yo (Lorena Giachino, 2006), la madre a ratos parece ser la hija. La historia de ambas es expuesta con total sencillez, y con la misma llaneza nos recuerda que la imagen de nosotros mismos que permanece en el tiempo (es decir, la identidad) es antes que nada el producto de un relato. Uno que genera expectativas hacia adelante y hacia atrás. La historia de esta familia sin hombres nos muestra sin ambages pero sin crudeza que las personas cambian cuando esas expectativas se rompen, por la sencilla razón de que deben anular su relato previo y empezar a crear uno nuevo. Es este proceso de transición, aparentemente inasible e “infilmable”, el que es registrado tanto en la realizadora como en su madre. Ese proceso también es el que se ve cuando María Paz conversa con su productor Francisco Hervé (El poder de la palabra, 2009) acerca del nuevo cariz que debe tomar la filmación ante los sucesivos reveses con que se enfrentan.

 

Si hay una idea fuerza en esta película es que las cosas no suelen resultar como uno espera que resulten. Las tomas fijas en la playa, con gente que pasa de un lado a otro, no son sólo un homenaje a la radical propuesta de Five (Abbas Kiarostami, 2003) sino una declaración de principios sobre el oficio del documental y –por qué no– sobre la vida misma: la realidad siempre termina siendo más interesante y más rica que nuestros relatos preconcebidos al respecto, pero hay que saber elegir el lugar desde el cual observarla.

Estrenos: Into the abyss (2011)

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A punto de presentar su documental sobre las cuevas de Chauvet en Berlin, Werner Herzog recibió un llamado de Huston: habían autorizado su entrevista con un condenado a muerte… No dudó un minuto en subirse al avión para emprenderlas con una aventura que, considerando su trayectoria previa, parecía lógica.

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Hay algo extrañamente simétrico en la trayectoria de Werner Herzog: en la medida que sus ficciones se han ido poniendo más crueles y estrambóticas –ahí están Bad Lieutenant (2009) y My son, my son, what have ye done? (2009), como decidores ejemplos-, sus documentales se han afinado al máximo. Difícil encontrar algo más simple y equilibrado que Encounters of the end of the world (2007), donde una expedición a la Antártica se transforma de diario de viaje en recorrido metafísico, y el efecto se multiplica al exponerse al 3D de Cave of forgotten dreams, en el que seguir leyendo

Estrenos: Life in a day (2011)

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La idea de que una película contenga al mundo entero parece descarada de puro ambiciosa, pero YouTube se atrevió a jugar con la idea en su primer documental. ¿Quieres verla? Escribe en tu pantalla: “Life in a day”.

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Casi al final de su libro de entrevistas con Hitchcock, François Truffaut logra tirarle la lengua al maestro acerca de proyectos que le gustaría realizar, y –soñando despierto- Hitch va y le dice que le gustaría hacer una película sobre “un día en la vida de una ciudad”, del amanecer al anochecer. Según él, una buena pista para armar esa historia era seguir la ruta de los alimentos: llegando a los mercados de madrugada, luego a la venta, de ahí a las mesas, al tarro basura y por último a los vertederos. La idea se extiende por unos cuantos párrafos y luego el director de Vértigo se lanza a otra cosa, pero el concepto queda flotando en el aire, alimentando las fantasías de un lector que se pregunta cómo es que nadie ha hecho ese filme todavía. Tal vez haya sido por eso que el año pasado, recorriendo los artículos de The playlist –un blog de la red indiewire.com- lo recordé de inmediato leía sobre Life in a day, la primera película producida por YouTube a partir de seguir leyendo

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